Así estuvo el tiempo en Estambul, frío, agua, viento..., yo iba ilusionada con sus atardeceres en el Bósforo o en el Cuerno de Oro pero no vi el sol, tendré que volver. A pesar de todo me estusiasmó la ciudad repleta de mezquitas. Además nos acompaño Asiyan, una encantadora joven turca amiga de mis amigos, ella vivía en la zona asiática, nosotros estábamos en la europea, en Taksim, el tráfico es terrible en Estambul, tardaba más de una hora en hacer el recorrido en coche. Desde aquí mi agradecimiento, esta entrada va, en parte, dedicada a ella.
Esta es la Basílica de Santa Sofía, o Justiniano, me decepcionó un poco, tal vez fue por la lluvia torrencial que nos acompañaba, y por la cantidad de andamios en su interior, estaban restaurándola.La que más me gustó fue la Mezquita Azul, por fuera, su patio, que mojado estaba precioso, y sus cúpulas interiores.




El bazar de la especias está llena de colorido, las frutas y las especias forman un conjunto muy vistoso, está todo colocado con mucho esmero.


Una vista nocturna desde el puente, al fondo la mezquita de Yeni Cami.
Otra de las cosas que más me gustó fue la torre Galata, de noche en esta foto.
Mezquita San Salvador de Chora, otra de sus preciosas mezquitas.
Torre de Leandro, también llamado de la virgen o de la doncella, ha sido utilizado como faro, semáforo, punto de aduana, casa de retiro o cuartel, ahora alberga un restarurante con preciosas vistas. Te dedico esta torre Fernando, por tu amor a los faros.

La Cisterna de Justiniano me impresionó especialmente, su iluminación y su música te envolvían y parecía que estabas en otro mundo. Aquí me acordé de ti Toro Salvaje, y de tu Justiniano.

Incluso estando tan lejos, tuve un recuerdo para vosotros, amigos blogueros, aunque no ponga todos vuestros nombres. Estambul es otra de las ciudades a las que me gustaría volver.





















